GUADE ESTIENNE
En la Luna de Valencia
INSTALLATION VIEW: "LA NOCHE QUE NO FUE" 90 X 120 CM. MUSEO SIVORI. 2025.

“En la luna de Valencia” nace a partir de vivir un año en Valencia, España. El viaje me dejó un archivo íntimo de imágenes. Imágenes torpes, fuera de foco, que guardaban retazos de noches compartidas recogidas por una cámara digital vieja que iba pasando de mano en mano entre mis amigos. No era sólo mi mirada, sino una mirada compartida. Lo que comenzó con un simple archivo de recuerdos se transformó en una herramienta para traducir una sensación de desarraigo que trajo el regresar.

Hay ciudades donde el tiempo se pliega distinto. Donde todo parece cerca, no tanto por la medida exacta de las calles, sino porque nada pesa lo suficiente como para impedir el movimiento. Las noches no reclaman final. Se puede estar, sin saber muy bien cómo, en todos lados a la vez. Como si el afuera no fuera amenaza sino una extensión del cuerpo. Desaparecer sin explicación, sin peligro, sin pasado. Fue en esa levedad donde el desarraigo se instaló, no como ausencia de un hogar físico, sino como el vacío que deja la pérdida de todo lo que alguna vez se creyó fijo. Al regresar, esa sensación ya no era transitoria; era una condición persistente. La fractura de una identidad que comprendió que volver nunca es recomponer, sino habitar una extranjería nueva.

Pero el desarraigo no siempre llega con la partida. A veces irse es lo de menos. Hay formas más hondas de perder el centro: quedarse quieto mientras todo alrededor se mueve, ajeno. No es necesario cambiar de país para sentirse fuera de lugar. Basta con no reconocerse en el aire que se respira, en las palabras que circulan, en las celebraciones que ya no dicen nada. Como si un idioma que uno entendía de memoria se hubiera vuelto extraño, frío, inclasificable. Como si la casa persistiera, pero uno ya no supiera cómo habitarla. Y es ahí donde aparece la pintura: no como un refugio, sino como una forma de hacer visible ese estado de suspensión. En el gesto de pintar lo borroso, lo que se escapa, hay una voluntad de sostener lo que ya no tiene forma definida. Un intento de fijar, aunque sea por un instante, la experiencia de habitar un tiempo que ya no nos aloja.

Las pinturas son la traducción de ese leve temblor que queda cuando todo lo conocido cambia de forma. El gesto necesario para hablar del desarraigo. Sobre el lienzo, el óleo se diluye en veladuras, capas de una luz espectral que hacen surgir la figura para inmediatamente desvanecerla. La imagen lucha por afirmarse, pero se dispersa, como un cuerpo suspendido entre el ser y el no-ser. Luces verdes y amarillas, ecos de neones urbanos y madrugadas sin nombre, atraviesan la superficie. Los bordes se deshacen, la figura se confunde con el espacio, y lo que parece cercano se aleja.Y quizás esa sea la única manera que encontré para hablar de este presente.

TEXTO DE SALA ESCRITO POR GUADE ESTIENNE | EN LA LUNA DE VALENCIA